El pasado abril, Apple lanzó Apple AirTags con el fin de que nadie volviese a perder llaves, bolsos o cualquier otro objeto dónde este rastreador pudiera adherirse. Tiene un alcance de 0.1 ft, lo que le permite rastrear, por ejemplo, objetos robados. Sin embargo, en las manos y mentes equivocadas, este inofensivo dispositivo del tamaño de una chapa puede volverse un arma de acoso.
Esto es precisamente lo que le sucedió a Amber Nosworthy, de Mississippi, el 27 de diciembre de 2021. Tal y cómo refleja su testimonio en este vídeo, Amber recibió una notificación en su teléfono alertándola de que un “dispositivo desconocido” estaba siguiendo sus pasos. Mediante la aplicación “Find My”, observó que, en efecto, toda su ruta había quedado registrada. Además, le mostraba la hora a la que el propietario de dicho dispositivo había comprobado la localización por última vez: las 15:02. Apenas 2 minutos después de que Amber llegara a casa. La policía confesó no saber qué hacer. Aunque aún no han dado con el dispositivo, Apple Support aseguró que se trataba de un AirTag.
Lo más grave es que no se trata de un caso aislado. Otras seis mujeres en EE.UU. afirman haber sido rastreadas mediante los AirTags, sin embargo Apple se limitó a contestar con un escueto "Nos tomamos muy en serio la seguridad del cliente y estamos comprometidos con la privacidad y seguridad de AirTag". Entre las medidas de seguridad está la alerta que avisó a Amber Nosworthy, lanzada a los iPhones que tienen un AirTag no registrado moviéndose con ellos. Por otra parte, la aplicación Tracker Detect replica está medida para los usuarios que no pertenezcan a iOS.
Pero Amber Nosworthy considera que esta medida no es suficiente, y que Apple debería retirar los AirTags del mercado hasta que pudieran garantizar que esta situación no le volverá a ocurrir a nadie. Sea como sea, este caso representa como la tecnología, hasta la más inofensiva en la teoría, puede volverse un peligro al actuar en las manos equivocadas.
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David Sánchez Olayo, 2ºL.
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