El Parlamento Europeo ha aprobado formalmente la prohibición de la venta de coches y furgonetas que funcionan con diésel y gasolina a partir de 2035. Aunque se dejará circular a los coches de combustión hasta el año 2050. El objetivo marcado es reducir un 55% de las emisiones globales de CO2. La mayoría de los expertos aseguran que será una meta “utópica”.
Los ciudadanos más afectados serán los de menor renta y los que residan en zonas más apartadas. Y no será posible bajar los precios de estos.
Los hábitos de consumo de los conductores españoles están muy lejos de la obsesión ecologista de los políticos, prefieren comprar vehículos de más de 15 años.
Parece que el parlamento europeo ignora problemas como la escasez de puntos de recarga, el precio de los eléctricos o la escasez de litio para las baterías. Pero los defensores de esta propuesta aseguran que hay suficiente tiempo para que la industria se adapte a los cambios necesarios.
La prohibición de los motores de combustión supondrá nuevos coches más caros, la pérdida de miles de puestos de trabajo y llevará a la industria europea al declive pero el planeta lo agradecerá.
Nieves Pérez Paredes 3ºD
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