El avance de la digitalización provocado por la pandemia hace más necesaria la configuración de un nuevo contrato social que armonice mejor tecnología y libertades
Uno de los grandes debates de los primeros meses de la pandemia fue el uso de aplicaciones en el móvil para el control de las personas infectadas por el virus Covid-19.El uso de estas aplicaciones en los diferentes países, enormemente dispar, demuestra que el equilibrio entre tecnología y derechos civiles es un terreno resbaladizo. De Lecuona, centró su intervención en la principal materia prima de la economía digital, el dato, recalcando la necesidad de revertir la tendencia a la mercantilización de la información personal: “Tenemos que reflexionar, como personas y como sociedades, sobre el papel que ocupa la tecnología en nuestra vida”, un debate al alza ante la progresiva digitalización de más ámbitos, desde el trabajo hasta la vida social. “Se ha producido un proceso acelerado y ahora tenemos que adoptar todas las políticas a este nuevo entorno”, afirmó por su parte Christoph Steck. “Estamos en un momento decisivo en el que lo privado y lo público deberían trabajar juntos en un nuevo pacto digital que ponga a las personas en el centro”, consideró el directivo. En el debate sobre la transición digital, se abre paso el concepto de modelo europeo, frente al estadounidense, “En Europa tenemos la aspiración de que el espacio digital sea un espacio de ciudadanía, no solo de negocio” Para otros, el objetivo es encontrar el equilibrio entre el uso de los datos, “que permiten avanzar hacia una sociedad más próspera y sostenible”, y el respeto a la privacidad.
Lola Gómez Torres 3ºG
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