Comemos tanto pollo que estamos creando una raza nueva y completamente distinta


Cuando los arqueólogos del futuro investiguen las primeras décadas del siglo XXI, encontrarán muchas cosas: montañas de plástico, millones de botellas de vidrio, toneladas métricas de cemento, capas y capas de residuos de combustibles fósiles y huesos de pollo.

No es (exactamente) una exageración. Con la excepción del ser humano y reconociendo que es un puesto muy disputado, es muy posiblemente que los "pollos de engorde" sean la especie con un impacto más intenso en la configuración de la biosfera. La culpa, claro, es nuestra y de nuestro insaciable apetito.

Y es que, aunque no solemos comentarlo, los animales que se usan en la industria cárnica son, desde hace unas décadas, especies completamente distintas a "las originales" en muchos aspectos. Como dice la veterinaria Anna Martí, "la selección artificial ha sido tan intensa como la de las razas de perro o la de las verduras comerciales".

Cayetano Ávila Chivo, 1ºBachillerato N

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