Históricamente, los grandes avances en el estudio del funcionamiento de las células se han logrado mediante fármacos químicos, lo que ha supuesto un gran desarrollo de medicamentos para tratar enfermedades. Durante las últimas décadas, la comunidad científica ha constatado que, para que las células funcionen correctamente, la parte mecánica es tan importante como la química.
Una nueva y revolucionaria línea de investigación y desarrollo avanza hacia el uso de dispositivos de tamaño nanométrico para estudiar y modular la parte mecánica de las células. Los primeros de estos dispositivos nanométricos en ser diseñados impiden la división de las células mediante procesos mecánicos, y también pueden emplearse como medicamentos «mecánicos» para alterar o incluso destruir las células, lo que abre la puerta a tratamientos terapéuticos nuevos.
Un equipo investigador ha introducido dispositivos de 50 nanómetros de grosor en el interior de células vivas con el fin de conocer su proceso de división y alterarlo, e incluso llegar a destruir células.
Los dispositivos se pueden diseñar con formas y dimensiones controladas a la escala de las micras y los nanómetros. En particular, los dispositivos fabricados tienen forma de estrella, un diámetro de 22 micras y espesores de entre los 50 y los 500 nanómetros. Están fabricados en silicio y su geometría en forma de estrella los hace parecidos a una malla de nanofibras.
Las células son capaces de internalizar estas estructuras nanométricas que tienen dimensiones del orden del diámetro celular. Una vez en el interior, estos dispositivos obstaculizan de forma mecánica el funcionamiento celular normal y provocan así una alteración en el ciclo de la célula y, en algunos casos, su muerte.
Gema VIcente Sánchez 2ºM
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