Una vez más aprovechamos la primera semana del mes para adentrarnos en el mundo de la innovación juvenil. En esta tercera entrega del ya tradicional Menor del mes nos desplazamos a la ciudad de Pawtucket, en Rhode Island (Estados Unidos) para conocer a Anthony Wilds, un adolescente de 15 años que ha sabido aprovechar su ingenio para desarrollar un tratamiento propio contra su enfermedad.
El chico padece el síndrome de Raynaud, un trastorno que provoca el estrechamiento de los vasos sanguíneos en las extremidades ante momentos de estrés o bajas temperaturas, dificultando la circulación de la sangre en terminaciones nerviosas —especialmente en los dedos de manos y pies—.
Anthony no podía hacer mucho más que meter sus brazos en agua caliente durante largos ratos para evitar los efectos de la afección; pero llegó un momento en el que se cansó de gastar tanto tiempo que le habría gustado invertir en sus estudios o aficiones, por lo que se dispuso a buscar una forma alternativa de hacer frente al síndrome.
Partiendo de sus conocimientos adquiridos en cursos elementales de emprendimiento, pensó en crear un dispositivo portátil con el que aplicar ese calor en las arterias estrechadas. Ni corto ni perezoso, se puso manos a la obra para diseñar un bosquejo de su idea, el cual presentó a la fundación NEMIC, promotora de la innovación local, con el objetivo de llevarlo a la realidad.
El proyecto rápidamente llamó la atención del equipo del centro, quienes se pusieron en contacto con la agencia de diseño Loft, especializada en tecnología médica, para confeccionar un prototipo del aparato a partir de las indicaciones provistas por Wilds. Una vez construido, probaron su eficacia con el adolescente durante uno de sus ataques de la enfermedad, terminando con los síntomas mucho más rápido de lo habitual.
El dispositivo consiste en una banda térmica colocada en cada muñeca cuya temperatura aumenta (a un máximo de 38 °C) al recibir calor de un alambre conductor de fibra de carbono conectado a una batería de iones de litio, todo ello fijado a lo largo del antebrazo. Cuando el usuario siente que el trastorno va a actuar, no tiene más que activarlo para calentar los vasos sanguíneos antes de que empiece el dolor, retomando sin problemas sus labores al no entorpecer sus manos el artilugio.
Anthony presentó su prototipo al concurso Youth Entrepeneurship Challenge, llevado a cabo por la organización internacional NFTE, donde ganó el primer premio y junto a él 18 000 dólares (16 000 €). Gracias a esta recompensa y los esfuerzos de financiación por parte de NEMIC, el joven pudo solicitar la patente del producto —ahora a la espera de ser aprobada—, registrándolo bajo el nombre de «HotBandz».
El proyecto se encuentra en una fase preliminar de su desarrollo, pero Anthony está decidido a seguir adelante con él hasta alcanzar su meta de distribuirlo a gran escala (contemplando especialmente hospitales, residencias de ancianos y empresas farmacéuticas). El chico espera que su creación sirva como alternativa a los estorbosos y costosos artificios convencionales empleados para combatir el síndrome, como son los guantes calefactables.
Alumno anónimo de 2.º de Bachillerato
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