Las innovaciones tecnológicas en el mundo del surf


El surf es uno de los deportes más lucrativos del mundo, con más de 35 millones de surfistas a lo largo del planeta. Por tanto, se ha vuelto necesario más emociones, más grandes y, especialmente, más seguras. La solución radica, una vez más, en la tecnología.

En la imagen que encabeza esta noticia vemos a Kiana Fores, que parece levitar sobre el mar. La tabla de surf de hidroala, o foilboard, son tablas con una larga varilla de fibra de carbono que se sumerge en el agua desde la parte inferior de la tabla. Bajo la superficie del mar, se abren dos alas también de fibra de carbono. Estas alas hacen que la tabla y el surfista se eleven sobre el agua cuando la velocidad e impulso del mar es el necesario. Además, muchos foilboards integran una hélice eléctrica, lo que permite al usuario disfrutar del surf incluso cuando no hay olas, no solo en el mar, sino también en lagos y ríos.

La tecnología de hidroala, sin embargo, no es una novedad, ya que lleva existiendo en navegación durante más de un siglo, pero no fue hasta principios de los 2000 que se incorporó al surf. Además, hace solo 4 años desde que se empezaron a producir las primeras tablas de surf de hidroala eléctrica, o efoils.

Son también destacables las instalaciones de surf en interiores, que desde los años 60 llevan intentando crear olas mayores y mejores. Todavía en investigación, la firma Surf Lakes ha construido una piscina de 3,6 hectáreas a 20km de la costa. Cada seis segundos, una bomba de aire comprimido de 1400 toneladas genera olas de 360 grados y de hasta 2,4 metros de altura.

El surf también se orienta hacia un mejor trato de la naturaleza y el movimiento, para lo cual el plástico de las tablas se vuelve un problema. Por ello, un par de amigos franceses crearon Wyye en 2020, tablas de surf impresas en 3D con bioplásticos de almidón de maíz.

Otra preocupación para los surfistas de actualidad son los ataques de tiburón. Popularizados por películas como Tiburón, en realidad estos ataques son una rareza dentro del mundo del mar, aunque el miedo es más que comprensible. Para ayudar a prevenir estos ataques, Nathan Garrison, un joven con experiencias cercanas a la violencia de los tiburones (un amigo de la infancia y un vecino), lanzó Sharkbanz en 2014. Este dispositivo, que cualquier surfista puede llevar en la muñeca o el tobillo, funciona mediante un campo electromagnético de unos 6 pies que genera interferencias con el campo que el tiburón utiliza para cazar y navegar. Sin embargo, la eficacia del dispositivo es tan solo de un 65%.

Para leer la noticia original, obteniendo más información sobre cada dispositivo y accediendo a entrevistas, haz clic aquí.

David Sánchez Olayo, 2ºL.

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