En 2020, la revolucionaria compañía de inteligencia artificial OpenAI, cofundada por Elon Musk, lanzó la beta de un nuevo proyecto llamado GPT-3 que permite a sus usuarios generar textos de todo tipo con solo proporcionarle un tema o contexto, dando resultados prácticamente idénticos a los que escribiría un ser humano en la mayoría de casos. Todo resulta prometedor hasta que nos topamos con su mayor problema: la exclusividad.
Si bien es verdad que el programa aún está en fase de pruebas, sus creadores no tienen planes de publicar el código de la IA. En su lugar, los desarrolladores que quieran conseguir un acceso limitado a la API, que les permitirá emplear la red en sus propios trabajos pero no poder apenas hacer sus propias modificaciones, tendrán que enviar un formulario desde la página web de la empresa explicando para qué quieren utilizarla y aportando razones de peso que certifiquen que darles acceso beneficiará el desarrollo del trabajo.
Aquí es cuando entra Eleuther, el proyecto de un grupo de investigadores que planean conseguir crear una IA similar pero de código abierto, lo cual significaría que cualquier usuario podría tener libre acceso a ella para usarla y modificarla. Cumplir este objetivo no solo supondría abrirles la puerta a muchos creativos para hacer realidad ideas de ensueño; sino que también representaría una proeza por parte del equipo, que al no tener acceso al código de GPT-3, la están recreando exclusivamente a partir de artículos que describen su funcionamiento.
Ahora, ¿cómo podrá un pequeño grupo de programadores igualar el trabajo de una empresa multimillonaria del que además no tienen referencias exactas? Lo cierto es que aún les falta mucho para llegar a ese punto, pero por ahora se han dedicado a reproducir la versión más simple de la IA, cuyo resultado lanzaron recientemente bajo el nombre de GPT-Neo. A pesar de ser un modelo más sencillo, no hay que dejarse engañar, ya que incluso la variante menos sofisticada de esta red neuronal requiere una cantidad desmesurada de potencia informática, la cual representa un gran gasto de dinero en el mantenimiento de recursos computacionales y servidores para almacenar en la nube los datos de la IA.
Evidentemente, el grupo detrás de Eleuther no poseía tal poder adquisitivo para poder cubrir el gasto de energía; pero, por suerte, Google (cuya empresa matriz tiene como filial a la compañía DeepMind, principal competidora de OpenAI) y la empresa especializada en la nube CoreWeave proporcionaron las unidades de procesamiento y servidores necesarios para seguir adelante con el proyecto, aunque no se sabe cómo se seguirán cumpliendo los requisitos si el desarrollo continúa.
GPT-Neo cuenta actualmente con una base de datos pública de 825 GiB conocida como «The Pile» que consta de una selección gigantesca de textos sacados de diversas fuentes de los que la IA saca sus referencias. Para elegir el origen de los escritos se ha decidido evitar lugares que puedan difundir información poco fiable para prevenir que el programa presente uno de los mayores inconvenientes de la red de OpenAI: respuestas ofensivas o disparatadas al hablar con ella sobre ciertos temas, como aconsejarle el suicidio a un paciente falso que preguntaba sobre su trastorno mental.
Actualmente, GPT-3 ha servido para desarrollar proyectos muy interesantes como una aventura conversacional con un abanico de posibilidades mucho más grande que el de las convencionales o un programa de mensajería para enviar y recibir correos electrónicos de personajes históricos. Y si esto y mucho más ha sido posible teniendo acceso limitado, quién sabe a dónde podrá llegar una versión de código abierto.
Noticia completa (en inglés) aquí.
Alumno anónimo de 1º Bachillerato.
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