El robot cantante de ocho brazos y otras máquinas capaces de hacer música

Lo primero que hizo fue aprender a tocar la marimba. Pero eso no fue todo. Desarrolló su propia voz, comenzó a moverse al ritmo de la música y ganó las nociones de improvisación y rap necesario para participar en peleas de gallos, entre otras habilidades.

El autómata empezó a rodar como un marimbista de ocho brazos capaz de sincronizar sus movimientos con la música, mirando a su alrededor y haciendo algunos gestos para introducir algo de emoción en sus actuaciones. En cuanto a la generación de melodías, el robot comenzó a componer mediante un sistema basado en reglas derivadas de la teoría musical.

Esta efectividad ha dado lugar a nuevas líneas de investigación que exploran la posibilidad de utilizar los gestos y la entonación de Shimon y otros robots para establecer relaciones de confianza con sus interlocutores humanos y, así, superar el miedo atávico de estas máquinas autónomas.

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